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GREGARISMO, JERARQUIA Y DOMINANCIA

 GREGARISMO,JERARQUÍA Y DOMINANCIA.

 Hasta hace muy poco tiempo todos los que estudiábamos al perro como especie, teníamos claros estos conceptos de los que todos los autores hablan en sus trabajos. Así, definíamos al perro como animal perteneciente a especie gregaria, jerarquizada y en la que existían individuos dominantes y subordinados. Además, siempre la hemos considerado como especie que forma grupos estables y duraderos muy semejantes a los que adopta la especie progenitora.

Con su domesticación, nuestro amigo vive en manadas mixtas inter específicas o simplemente en una pequeñísima manada formada por su dueño y él; cada uno de su especie.

En estos últimos años, surge una corriente, entre algunos profesionales del mundo canino, en la que se especula con la no-existencia de la jerarquía en el perro actual y en unos métodos de trabajo en los que estos conceptos de jerarquía y dominancia no deben ser tenidos en cuenta, ya sea por obsoletos o simplemente, por inexistentes. Así, el humano no debe ejercer jerarquización sobre otro individuo de diferente especie a la suya y, como consecuencia, no debe tratar de ocupar el puesto de líder ante su perro.

Como ustedes saben, especular es muy fácil ya que lo realmente difícil es demostrar que la hipótesis con la que se especula puede probarse y convertirse en tesis. Desgraciadamente, estas teorías no se demuestran pero calan en algunas personas amantes de los perros provocando una relación complicada, cuando no peligrosa, para ambas especies.

Les doy la razón en que nosotros no somos de su especie por lo que resulta banal tratar de convencer a nuestro perro de que nosotros somos un colega de la misma camada. Nada más peligroso, ya que el animal puede llegar a disputar ese puesto de escalafón en el que los inventores de estas teorías, no creen.

Como no trato en absoluto de convencer a quienes las mantienen ni siquiera a los que se las creen, expondré estos conceptos para que el lector juzgue y elija el camino que crea oportuno cara a la relación con su perro.

Una definición evolutiva del concepto de gregarismo podría ser la tendencia que tienen determinadas especies a vivir juntos optimizando, de esa forma, sus factores de supervivencia y reproducción.

El gregarismo, por tanto, es una conducta que favorece sobre todo al instinto de supervivencia y la pérdida por expulsión del grupo supone, para el animal, una baja considerable en su tasa de aptitud que puede llevarlo incluso, a su desaparición como individuo.

El perro y nosotros somos especie gregaria y eso ni siquiera los inventores de nuevas teorías pueden negarlo. El hombre es una bestia intensamente social y al mismo tiempo fuertemente competitiva, egoísta y en busca de su mejora evolutiva (Barash, 1979)

¿Quizás el perro no participa de nuestros anhelos evolutivos? Por descarte; sí.

Nos encontramos, en este punto, con que el hombre trata de optimizar su tasa de aptitud, satisfaciendo los instintos de supervivencia y reproducción, de la mejor forma posible y por supuesto la mejor es la de vivir en grupo. Cuando hablamos de hominización damos por cierto que el grupo ha sido, es y lo seguirá siendo, una extraordinaria forma de protegerse contra los depredadores y obtener recurso. Quizás ahora no nos devoren los leones pero si lo hacen pequeños bichos como bacterias o virus. El recurso se ha convertido en dinero que nos permite acceder a nuestra alimentación, comodidad y reproducción......¿Y el perro? ¡Pues también! Cambia su cacería por el saco de pienso y la protección de sus depredadores por la mano del veterinario. De monógamo lo hemos convertido en poliginándrico o promiscuo pero, de una u otra forma, también mantenemos en lo posible su éxito reproductor.

Llegamos a la conclusión lógica y probada de que ambas especies somos gregarias, de que las dos sentimos cierta debilidad por convivir con la otra y de que, queramos o no, formamos grupos duraderos e inter específicos.

El concepto de jerarquía implica un escalafón entre los miembros de una manada o grupo. El mando absoluto lo ostenta un macho que normalmente es el que más batallas ha librado y mejores resultados ha obtenido. Lo secunda una hembra, subordinada al macho, pero que ostenta el segundo grado en el escalafón, es decir, en el caso de los lobos, sólo puede ser montada por el Dominante. Después de estos dos “patriarcas” la jerarquía se completa con los machos y hembras subordinados quienes al paso del tiempo, se convertirán a su vez, en dominantes bien por la disputa y victoria sobre el Jefe o por la muerte de éste.

El concepto de jerarquía está íntimamente ligado al de escalafón, tanto en animales como en nuestra especie. Cualquier grupo social se estructura en capas o sustratos más o menos dominantes, desde un ejército bien constituido hasta una empresa y no pensemos que en los partidos políticos o gobiernos de turno, falta esta estructuración jerárquica.

Pues bien, para mantener esa estructura se necesita, como es lógico, la existencia de individuos dominantes y la de subordinados. Para establecer esas jerarquías es necesario pelear o simplemente exhibirse sin llegar a las últimas consecuencias. Entre los perros, como entre las demás especies gregarias, se puede incluso tipificar ese escalafón. Cuando queremos saber el grado de dominancia de un individuo dentro del grupo o la magnitud de la diferencia de grados de cada uno de ellos, utilizamos la tasa de dominancia, calculada para cada individuo como el número total de veces que gana enfrentamientos, dividido por el número de ellos en los que se ha visto implicado con los distintos miembros del grupo (Arcese & Ludwig, 1986)

La presencia de individuos dominantes entronca directamente con el concepto darviniano de supervivencia del más apto que, como ustedes saben, es una sencilla definición de la selección natural. Podrían decirme ahora que nuestro perro no está sujeto a esa selección sino a la artificial y que, en su forma actual, ya no existe ninguna de las características de grupo expuestas anteriormente. Pues bien, el Canis familiaris solo lleva 16.000 años alejado de su forma salvaje y si los inventores de estas teorías tuviesen claro el concepto de evolución biológica, sabrían que ese pequeño lapsus de tiempo es sólo “un suspiro” en ella. No ha tenido tiempo de olvidarse de su jerarquía, de su manada ni del individuo que la lidera.

Nosotros, en unos pocos millones de años, tampoco lo hemos olvidado y si estos teóricos siguen sin creer en estos conceptos, les propongo que se miren al espejo mientras se afeitan o acicalan y se convenzan de que, en el trabajo que van a desarrollar para acceder a su recurso, no le está esperando el dominante para jerarquizar al grupo que, como él, depende del líder de turno.



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